Uno de los temas cruciales
en lo que respecta a los actuales procesos de paz, es el del perdón. En primera
instancia, porque de los muchos prismas a través de los cuales se puede
interpretar el conflicto nacional, el odio y el rencor acumulados fuera de las
razones ideológicas, es decir; las consecuencias emocionales que por la
guerra se han causado, ocupan sin lugar
a dudas, un espacio clave en su resolución.
En segunda instancia, porque
la riqueza moral de un país afectado por un cisma que no ha tenido más vertientes que el conflicto armado, desgastado por la
violencia y la hegemonía política, pasa
a ser la miseria intestina y la desgracia ética, de una sociedad que no ha
lograda armonía por la falta de
comprensión, de lo que podríamos connotar como la ciencia de tolerancia y
perdón que definimos como la paz.
Existen pues varias
versiones de esta resistencia moral al perdón, más allá del odio y el rencor,
la justicia es un marco lo suficientemente amplio para discutir, especialmente
en los ángulos más difíciles para analizar, la participación política y la
reforma agraria; En el primer caso, se habla de una ignominia, cuando se supone
la participación política de aquel que perteneciendo a la subversión incurrió
en crímenes de guerra y de lesa humanidad, se plantea pues, como una
contradicción el hecho de conceder semejante oportunidad a aquel que debe ser juzgado; por el otro
lado, ciertas facciones del conflicto presentan como inaceptable repartirse el campo con los que ellos
ubican en la categoría de criminales.
Otras facciones, denuncian
la ambición y avaricia de aquellos a
quienes no les conviene un cambio estructural en el modelo de organización de
la sociedad, asumiendo como estratagema política toda declaración e injuria.
Pensemos que la justicia, es como el enorme
cielo que nos envuelve y del cual solo nos queda la admiración y la
perplejidad, sentarnos a hablar de ella o a buscar su centro es un imposible lejano para la misma
imaginación, es más cercano el perdón y la comprensión.
¿No es acaso el perdón, la única forma de
justicia posible como alternativa al
exterminio radical, que no se esconde sino en una promesa insulsa de victoria?
no es esa gloria, sino una carnicería macabra impulsada desde lo más bajo de la
humanidad, el desdén de toda calidad interior
y espiritual.
El perdón, es una ciencia
que tenemos que aprender, más allá de los acuerdos y los contratos, fáciles al
fuego y el olvido, el acto de perdonar requiere un compromiso moral y un
sacrificio material que prevalecen en las redes del tiempo y la memoria, que
perseveran, es esa la única herencia diferente a la guerra que la generación
presente puede legar, hoy está en sus manos y es su responsabilidad.
Imagen: Revista Signo y pensamiento

es interesante el planteamiento, permite ver como mas allá de las negociaciones entre la guerrilla y el gobierno, el verdero problema es el perdon entre la guerrilla (los victimarios) y el pueblo ( las víctimas).
ResponderEliminarMe parece muy interesante lo que se plantea en este artículo, sin lugar a dudas el perdón es algo que debemos aprender para que este sea el camino por el cual podamos llegar a ese paz que tanto anhelamos, pero por más de que todos queramos llegar al perdón y también al olvido, es muy difícil que se llegue a estos dos sobre todo en un contexto de guerra como el vivido en Colombia.
ResponderEliminarAhora bien, hay que tener claro que el hecho de un posible acuerdo de paz, no implica y mucho menos asegura el perdón y olvido por parte de las víctimas, son dos cosas que aunque parezcan que van de la mano, no necesariamente es así; si se llega a un acuerdo de paz, nadie le puede pedir ni mucho menos obligar a las víctimas a que perdonen y olviden todo lo que han sufrido a manos de los grupos armados. Esto del perdón ya es algo individual, una decisión que radica más en la reflexión y pensamiento de quienes han sido víctimas de esta guerra eterna.
Y por otro lado, en un país como Colombia donde las victimas muchas veces son invisibles, es mucho más complicado que llegue a un proceso donde estas perdonen y más aún estén de acuerdo con este. En Colombia, a pesar de que ´´existen´´ los derechos de a la verdad, justicia y reparación, hemos podido ver muchas veces que estos, no logran articular los elementos necesarios para llegar a garantizarlos integralmente. Entonces ¿Cómo es posible llegar al perdón y al olvido en un proceso donde los victimarios, tienen más privilegios que las mismas victimas?
Hay varios puntos que vale la pena resaltar, de esta manera retomo el objetivo central de los dialogos de paz el cual es "lograr una paz estable y duradera con justicia social" y concuerdo con el hecho de que par esto es necesario el perdón, pero que tipo de perdon?, Si bien es cierto, una de las mayores inseguridades de nuestra nación, como bien se hace referencia en el articulo, es el temor de otorgar el mando del país o parte de este a quien perteneció a la subversión o a aquel 'excriminal' que tras causar tanto daño pretende vender una idea de arrepentimiento y reconciliación; es asi como estoy de acuerdo con que la guerra ha dejado secuelas en nuestro pueblo las cuales son dificiles del perdonar y olvidar, pues no podemos ser un pueblo sin memoria condenado a repetir los errores del pasado, pero tampoco un pueblo estancado en el odio y el rencor .
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